Rescatada también del zoo clausurado de Almuñécar, en el verano de 2008 llevamos al Parque del Garraf una manada de siete ponis pottoka. Un pony rústico y muy antiguo que pensamos que se puede adaptar sin problemas a vivir en el Garraf todo el año. Estas ponis pasaron las primeras semanas en un cercado de recepción, para ser liberadas en un cercado de transición de 30 hectáreas. En este espacio se ha podido realizar el estudio del Grupo de Investigación del Parque y la Fundación Miranda con la UAB, para valorar el impacto de estos équidos en la vegetación, y su singularidad respecto al caballo. Hemos observado que aparte de pastar las carceras, arrancan el carzo y se comen la raíz, lo que puede ser muy beneficioso por la biodiversidad, dado que son un factor limitante de esta planta que ha colonizado todo el Garraf.

Nuestro rebaño está integrado por un macho al que se practicó la vasectomía para controlar la natalidad y evitar el desequilibrio por un incremento no deseado de la población, y seis hembras de edades bien distintas. Se trata de un grupo natural bien cohesionado y por tanto con gran capacidad de adaptación, de organización y supervivencia, que rápidamente se ha apropiado del espacio del que dispone.

Actualmente, un año después de su llegada, las pottoka ya pastan las 400 hectáreas del Par del Garraf. El Proyecto Pottoka empieza a tomar forma, aunque todavía está en fase de definición y expansión.

Tercer informe sobre el Parque Natural del Garraf

Jordi Bartolomé Filella
Departamento de Ciencia Animal y de los Alimentos. Universidad Autónoma de Barcelona.
31 de julio de 2019
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¿POR QUÉ PONES POTTOKA EN EL GARRAF?

Garraf es un territorio sensible, con suelo calizo, poco profundo y vulnerable a la erosión, y donde viven especies amenazadas como la tortuga mediterránea que necesita suelos de textura no compactada para poder hacer sus nidos o agujeros de puesta.

Por eso y después de diez años de experiencia con caballos en este territorio, hemos elegido las ponis pottoka como équidos ideales para pastar en ese territorio.

-Al ser de pequeño tamaño en relación con los otros caballos, y como pesan poco, la compactación del suelo derivada de su presencia, es mínima.

-También consumen menos agua, lo que es fundamental en un territorio con pocos recursos hídricos disponibles, donde, por su parte, el herbivorismo es imprescindible para reducir el riesgo de incendios y contribuir a crear un paisaje resiliente y biodiverso.

-En el Garraf, la jara mediterránea ha sido colonizada por el carzo o carrizo, especie vegetal de la familia de las gramíneas. El caballo es el único gran herbívoro que tenemos al alcance, que junto a esta planta, y en concreto las pottoka a menudo la arrancan y después de exprimir la raíz, dejan los tallos esparcidos en el suelo en forma de mulching o cubierta vegetal. Esto favorece la vida del suelo.

-Además su antigüedad y rusticidad, las hace muy resilientes y adaptadas a introducirse en los bosques y abastecerse de los recursos necesarios para su bienestar. Originarias del País Vasco, y familia de otras líneas de ponis o caballos de pequeño tamaño como las asturconas, han estado históricamente dedicadas a mantener los sotobosques con baja carga de materia vegetal combustible.

Tienen, por tanto, habilidades consolidadas y conservadas por transmisión genética, en la gestión y conservación de ecosistemas forestales, siendo especialmente hábiles cuando se mueven en estos contextos.

¡Sus capacidades nos maravillan!