

¡Un burrito ya sabio y espabilado! Llegó a la Fundación a través de la ONG ADE.
La antigua propietaria no podía tenerlo, ni a él ni a su inseparable compañero Moscatell, porque, reclamando más libertad, ambos rompían la valla de su casa para ir a correr mundo y comer la cosecha del vecino, que plantaba también hierbas prohibidas.
Xarel·lo es listo como el hambre, con una mirada noble y bondadosa. ¡Irresistible!
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