
Se ha ido en calma, dejando a sus hijos con los que llegó a la Fundación hace unos años, en nuestras montañas, libres, como ella ha sido.
LAIKA, presencia discreta y preciosa.
Enseguida se hizo un hueco en nuestro rebaño. Respetada y querida, sutil…
¡Siempre en nuestro corazón!
¡Gracias María Rosa por ponerla en nuestra vida!
